sábado, junio 09, 2007

Rerflexiones de un automovilista II

*Nota del editor: sí, es una segunda parte, pero no se esfuercen en buscar la primera en este blog, porque no está aquí. Reflexiones de un automovilista (I) está en este otro blog (¡click!).

Odio los viernes.

Es el único día de la semana en la que estoy obligado a lidiar con el tráfico de la Ciudad de México en hora pico. Entro a trabajar a las 9 de la mañana y salgo cuando apenas anochece (según el horario de verano). Manejas antes y después de ese rango de horas es un ejercicio dantesco de acopio de paciencia, capacidad psicomotriz para pisar dos pedales, girar un volante y mover una palanca -mi coche es estándar-, además de tolerar a la histeria combinada con la estupidez de buena parte de mis coterráneos.

Desde hace años escucho con cierta frecuencia que "estamos al borde del colapso". ¿Al borde? Un lugar donde manejes en automóvil en hora y media un trayecto de 15 kilómetros ¡ESTÁ COLAPSADO! Sí, para todos mis lectores internacionales -que he visto que tengo ya muchos-, sepan que la Ciudad de México es una urbe colapsada, donde la gente no se puede mover sin llegar a la histeria ni recurrir a una agresividad cada vez menos sutil al manejar.

El resto de los días de mitad de semana -martes a jueves, porque los lunes descanso del trabajo-, que entro por las tardes y salgo en las medianías de la hora de la Cenicienta, me traslado de la casa de ustedes al periódico en transporte público y regreso a casa en el taxi que me patrocina la empresa.

Y oh sorpresa, ironía del destino: el transporte público, odiado por toda la población, especialmente por quien no lo usa, se ha vuelto un inmenso placer. Como agarro el camión en hora no-pico y un kilómetro después de su base, el peserinho va vacío, me permite apoderarme de un asiento, tras lo cual prendo mi iPod en algún album de los Beatles y leo -actualmente- el último libro de Vargas Llosa: "Travesuras de la niña mala" (el cual recomiendo ampliamente, y para quienes me conocen, aclaro, yo no tuve nada que ver con él). Hay veces que ni el sexo es tan bueno.

Pero los viernes no dejan de ser crueles y fríos. Por más que salga temprano -y vaya que lo he hecho- siempre llegó unos minutos tarde a trabajar. No hay rutas seguras: un día puedo hacer un tramo en 5 minutos que al siguiente haga en 30. La vía "rápida" más importante de la ciudad, el Periférico, es literalmente un estacionamiento, ahí si nunca falla: ¡nunca te mueves! Ya hasta empiezo a pensar (con el debido respeto a los lectores que lo hacen) que es de idiotas meterse ahí antes de las 10:00 a.m.

Y sobre los conductores, una bonita y colorida anécdota que es muestra MUY cercana a la realidad está en este post (¡click!), apenas de la semana pasada. Lean el sexto párrafo.

Este último viernes hice -reloj en mano- 79 minutos de traslado de ida... Y de regreso... bueeeeeno, perdí la cuenta, pero con decirles que me despedí del último de mis compañeros de trabajo a eso de las 19:25 y estaba tocando suelo hogareño cerca de las 22:00. La Wojtylinha estuvo cerca de volver a hacer su aparición, pero llegué tan madreado física y mentalmente que ni me acordé de ella en el momento.

Y durante las cerca de 4 horas que estuve al volante, pensé mucho en Marcelo Ebrard y sus paseos ciclistas. Y me dieron ganas de ir a escupirle en la cara. Señores, he ahí la valiente solución del Gobierno del DF al tráfico de la ciudad: ¡usen la bicicleta! Carajo, ¿por qué no se me había ocurrido antes? Si todos usáramos la birula estaríamos retefelices... Mi padre a los 40 (cuando los tenía) seguro hubiera aguantado sin broncas ese trayecto de Cuemanco a Bosques de Ciruelos que hacía todos los días y las consecuentes pendientes en el trayecto pedaleando como Miguel Induráin.

La única falla en la idea de Ebrard es que yo no podría seguir leyendo al tiempo que pedaleo al trabajo.

1 comentario:

Diego dijo...

Pues tienes razón, el tránsito en esta ciudad es un asco. Yo al igual que mucha gente sufro diariamente del tránsito, cuando me era posible utilizaba el transporte público era un buen pretexto para leer, lo que he optado por hacer es salir de la casa a las 6:30am o 6:45am, nótese que entro a trabajar a las 9:00am, de esta manera paso menos tiempo en el coche y aprovecho para sentarme en un café a leer antes del trabajo.