sábado, mayo 05, 2007

Algo más de Roca

*NOTA DEL EDITOR: Este texto es de una amiga que estuvo al lado de José Antonio Roca hace no mucho tiempo. Me parece que no debe perderse...
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Aunque los años pasen

Por Alejandra Niño

A tan sólo algunas horas del fallecimiento de José Antonio Roca, me toca a hablar de él no como el profesionista sino como el ser humano que me tocó conocer.

Y es que no importa si fue un gran jugador, si en algún momento alcanzó la gloria con el América; no me toca hablar de su eterna rivalidad con Chivas ni de su paso como jugador de la selección mexicana en diferentes ocasiones o como director técnico de ella, así como la gran desilusión que vivió en esta etapa. Finalmente yo no lo vi jugar, no me tocó verlo dirigiendo un equipo profesional ni haciendo gala de sus grandes frases en contra de sus enemigos… pero tuve la gran oportunidad de convivir con él durante su paso por el Tec.

Y no, fui yo su alumna ni él mi entrenador, fue simplemente un compañero, un amigo que veía cotidianamente durante mi estancia como parte del equipo de la Dirección de Deportes de la Institución, y cada vez llegaba a mi escritorio con una gran sonrisa, me saludaba con la frase que dedicó para mí y listo, para que pudiéramos hablar de futbol y del América.

¿Qué podía yo hablar con un hombre como él sobre el deporte que vivió a lo largo de su vida, o acerca del equipo que traía tatuado en el corazón? Nada importante, junto a él yo no sabía absolutamente nada, pero nos divertíamos tratando de sacar estadísticas y comentando que iríamos a un partido juntos; yo pidiéndole que me contara alguna experiencia y él contestándome con alguna hazaña para después decirme que me lo contaría todo cuando aceptara salir a desayunar con él. Ese momento, lamentablemente para mí, nunca llegó.

Recuerdo cuando fuimos a Pachuca donde los diferentes equipos de los Borregos Salvajes participarían en una serie de competencias deportivas; fue la única vez que pude verlo en el terreno de juego dando indicaciones, para mí era como mi héroe, era impresionante ver cómo disfrutaba lo que hacía, lo vivía y lo sufría, mientras, me explicaba el próximo movimiento que haría con las jugadoras para poder obtener la victoria; en un momento volvía a meterse al partido, se le olvidaba lo que me decía porque estaba concentrado, volteaba, me miraba y me seguía dando sus comentarios sobre lo que veíamos.

Un día de tantos en la oficina, había poca gente, estábamos platicando como siempre y me seguía diciendo que la siguiente semana vendría por mí para que fuéramos a desayunar; en ese momento alguien llegó para hablar con él, se alteró y le vino un desvanecimiento.


Inmediatamente llamamos al servicio médico, mientras llegaban y a él se le paralizaba la mitad de su cuerpo me seguía diciendo que a pesar de esto nuestra “cita” ya estaba agendada y por nada del mundo la cancelaríamos, yo lo tomaba de la mano y le sonreía diciéndole que no se preocupara. Llegó la doctora, le hablaba y no le hacía caso, él solamente me veía a mí diciéndome las lindas palabras que tuvo siempre para mí.

Fue la última vez que lo vi y recuerdo que lloré demasiado. De eso ya hace algún tiempo, pero espero que él me haya recordado en algún momento con el mismo cariño con el que lo hacía yo. Fue un gran profesionista, un gran hombre y una gran persona, pero sobre todo, era a quien yo admiraba y nunca se lo dije… y es que es impresionante la huella que un ser humano puede dejar en el corazón y la vida de otro.

Ahora desde donde esté sé que lo sabe, porque desde el momento en que escuché la noticia no dejé de repetírselo y de agradecerle el mucho o poco tiempo que me dedicó.

Gracias Profe Roca, porque aunque los años pasen seguirá siempre en mis recuerdos…

Su niña hermosa, siempre.
Mayo, 2007

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