domingo, abril 08, 2007

Via Crucis 2007

Si ustedes creen que les voy a hablar de la tradicionalísima Pasión de Iztapalapa, se equivocan.

No es mi primera Semana Santa (léase el periodo santo, de jueves a domingo) que me lo vivo encerrado en la redacción. En realidad ese no es el problema, masoquistamente o no, disfruto mi trabajo, pero el cuerpo a veces no conoce de estados de ánimo.

El miércoles estuve todo el día con una gastritis del terror, que se prolongó hasta el jueves. Y eso sólo fue el preámbulo, pues traigo un dolor de cabeza que no se me ha quitado desde el día del juicio a Cristo, que se ha combinado con la intermitente gastritis, tos flemática, la constante falta de sueño y las desveladas propias de mi trabajo.

Hoy domingo parezco bulto, me he tomado jarabe, té, aspirinas y mi botellota de 1.5 litros. El más mínimo tosido mueve cada neurona como antro de Acapulco a las tres de la mañana, y no digamos de los estornudos, que son como golpes de Julio César Chávez en sus años de gloria.

(Eso sí, como pueden ver, mis dedos funcionan maravillosamente, esos nunca me fallan.)

Pero por si un ingrediente le faltaba a mi prosesión del terror, ayer sábado a eso de la 1 de la tarde recibí una llamada de mi madre.

- Tu papá y yo vamos para Chilpancingo...
- Aha... (wtf!!! Mis padres no viajan juntos desde hace años)
- Ya hablamos con tus hermanos, están bien"
- OK... (tienen 22 y 21, ya están grandecitos para ciudarse solos...)
- Solamente Andrés y José salieron con golpes..."
- (WHAAAAAAAAAAAAAAAT???) A ver a ver, ¿de qué me estás hablando? ¡¿Qué pasó?!
- Chocaron en la carretera, se cayeron a una barranca, pero ya hablamos con ellos y están bien. Te hablamos cuando lleguemos allá.

(Estimados colegas, mi madre les dio el ejemplo totalmente opuesto de cómo se hace una pirámide invertida.)

Mis ya prominentes ojeras duplicaron su tamaño y mi entonces pálida piel se tornó transparente. Naturalmente intenté llamar a los teléfonos de mis hermanos y de sus tres amigos, pero terminé maldiciendo eso de que todo México es territorio Telcel. Ajo y agua. Seguí trabajando...

Pedí a mis venerados padres que me mantuvieran al tanto. El segundo reporte que tuve fue a eso de las 7. Mi jefe vio mi cara de angustia mezclada con cansancio y me preguntó si pasaba algo. Ja. Afortunadamente el hombre sacó su lado bondadoso y me mandó a mi casa a las 9. (Entré a las 11, digo, ya llevaba 10 horas en el changarro...)

La noche fue lo más cercano a un cuento de Edgar Allan Poe. Tos, jaqueca extrema, estado febril (odio los termómetros, nunca dicen la verdad) y una vuelta tras otra tratando de conciliar el sueño. A la una de la mañana recibí el tercer reporte (malaya el tiempo real. "¡Que no se muera Maradona! Chiste local...): era mi hermano avisando que estaba en México, sano y salvo, en casa de su amigo, quien conducía el auto y mandó por segunda vez en tres meses un auto al status de pérdida total. Aunque francamente eso pasa a lo secundario.

Lo grave del tercer reporte era solucionar que íbamos a hacer con los tres boletos para el Pumas-América que había comprado mi hermano y que, naturalmente, ya no iba a usar.

Así crucé llamadas con él, con un tío de su amigo que los quería y con mi padre (la tarjeta que usamos para la compra era de él). El show (creo) que terminó a las dos y lo que prosiguió esa noche fue sueño alternado con visitas al baño.

Pero no había dolor de cabeza que me impidiera ir a un Pumas-América. No señor.

Mi hermosa esposa consiguió dos entradas en Zona Puma cortesía de su ex jefe. Y vaya que me dieron ganas de besarle los pies al sujeto: lugar numerado y estacionamiento privado. El punico problema por resolver era el de los tres boletos que estaban bailando. Después de media hora de fila finalmente pude recogerlos, vendí dos a los cinco minutos, y el restante terminé negociándolo con un tipito de dudosa procedencia. Aunque teóricamente reventa es venderlos ya una vez fuera de taquilla, los ofrecí al precio y mi conciencia estuvo tranquila.

Y el partido iba bien... Soportando mi dolor de cabeza y con el 1-0 a favor. Pero luego vino el gol de Germán Villa, que como dice Germán Dehesa, fue como si un perro me orinara encima.

Y de ahí córrele al trabajo. Mi lugar parece botica de antaño con toda clase de remedios. Mañana es mi día de descanso, y antes de que pase algo, voy a pensar en no levantarme de la cama, porque es cierto que Cristo resucitó al tercer día, pero noticia, yo no soy Cristo.

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