martes, noviembre 28, 2006

Receso temporal

Lectoras lectores, les pido disculpas por el escaso material que se ha publicado en estos días. No es por falta de inspiración, sino de tiempo.

El rincón no poético del Mac toma un receso hasta el martes 5 de diciembre.

Por este motivo, no esperen reflexiones de los fatídicos sucesos que nos esperan para el viernes, las Semifinales del futbol mexicano (que de por sí ya me valen un pepino) o cualquier otro evento fuera de la agenda nacional o mundial.

Nos vemos en una semana y "que la Fuerza los acompañe".

lunes, noviembre 20, 2006

Para Giselle

A veces este espacio parece un sitio de esquelas. No es tal, simplemente trato de reconocer a aquellos que dejaron una semilla, por pequeña que esta sea, en mi.

Y es que la vida es fugaz, no porque dure poco, sino porque no sabemos si terminará mañana. Cada día, pues, es una vida nueva. Y cada vida nueva, una lección, para uno y para los que nos rodean.


Giselle ganó el Borrego de Oro por Servicio Social este viernes. Para aquellos que no sepan de que se trata, es el premio a quienes hacen un esfuerzo más allá del estudio, para los que hacen algo más.

Y sin embargo, quienes la conocimos, por poco que sea, sabemos que su verdadero mérito es mucho más grande y mucho más
trascendente.

Dos días después, Giselle ha fallecido en un accidente automovilístico.

No soy yo la persona indicada para hablar de ella. Compañeros, amigos y profesores de la carrera, y por supuesto amigos de Giselle les dejo abierto este espacio para que dejen un mensaje, una historia, un pensamiento, lo que ustedes quieran, en la parte de comentarios. Por mi parte es lo que mejor puedo hacer.


Te recordamos hoy y siempre Gis.

sábado, noviembre 18, 2006

Motivos sobran

Tener la posibilidad de asistir a una Final de la ONEFA es una oportunidad que siempre aprovecho. Poca gente lo entiende, es más, creo que yo tampoco. En la televisión podemos ver un partido de futbol americano de altísimo nivel, con monstruos de 150 kilos que corren más rápido que yo y con golpes que para cualquier otro mortal representaría el pase directo a la tumba.

Eso es la NFL, y la ONEFA, siendo realistas, está a años luz de distancia.

Luego entonces, ¿por qué mi obstinación de levantarme un sábado a las 6:45; tomar un camión a Puebla a las 9; pegármele en el taxi a Cholula a tres regios; empujarme con otros colegas por un maldito sticker que fungió como acreditación; cargar cámara fotográfica, dos lentes, su maletín, tres rollos, una grabadora, una libreta, una pluma, dos hojas oficio con los rósters, y un chaleco con dos docenas de bolsas; darle unas 20 vueltas (no exagero) a la cancha en 4 horas al rayo del sol poblano de invierno en otoño; darme más empujones y codazos con los colegas para tomar la foto del festejo y grabar la declaración del coach que ha ganado 9 campeonatos en 14 años; regresarme con mi ex jefe del periódico (al periódico, claro) y volver a casa 13 horas después?

Sencillo.

Por leer un buen libro en el camión; por conocer a los únicos tres regios no codos que me patrocinaron el traslado a Cholula; por acrecentar mi colección de acreditaciones; para tomar fotos de touchdowns, festejos y de la botarga de los Borregos pintándole el dedo medio a la tribuna de los Aztecas; por sentir la alegría y la intensidad de 10 mil personas que viven el partido como si ellos lo jugaran; por escuchar al mariscal de campo campeón reconocer, en un gesto de genuina humildad, que su rival es el mejor de la Liga, a pesar de la derrota, y del coach que aún ante la emoción de un tricampeonato se toma las cosas con tanta calma; por aprenderle a un hombre más de lo que ya le aprendí en 7 meses, por conocer a Sebastián y por saludar a los amigos que hice en ese periódico, a quienes no cambiaría por el más jugoso cheque ("yo nunca los vendería, hermanos"); por abrir la puerta de mi casa y presumirle a mi padre (quien tanto tanto tanto me puso a prueba en mi loca aventura de querer ser periodista) que tomé la foto ex-clu-si-va del finísimo gesto de la botarga...

Por haber aprendido al lado de un campo de futbol americano a escribir una nota y una crónica, a tomar fotografía deportiva y a narrar...

Pero más que todo eso, porque lo disfruto, tanto o más que los locos (porque se necesita estarlo) que practican este deporte del cual me he enamorado sin haberlo jugado nunca.

lunes, noviembre 13, 2006

Haciendo cuentas...

Veo que no he tenido vacaciones la primera semana de este año. Desde el 6 de enero no he parado entre escuela, trabajo y otras actividades.

Ya estamos a mediados de noviembre y después de darme cuenta de esto, entiendo por qué estoy cansado la mayor parte del día.

En diciembre, apenas termine el semestre, me largo. No sé a dónde ni con quién ni cómo, pero me largo.

Se aceptan sugerencias para el lugar y donativos para solventar la travesía, je. Invitaciones, sólo de personas del género femenino.

domingo, noviembre 12, 2006

Mac vs El andamio de la UDLA II

Hace un año, en el último sábado de octubre, vencí mi miedo a las alturas para trepar un andamio de 6 metros de alto sin mayor ayuda que su estructura. Esto ocurrió en la Universidad de las Américas, cuando fui narrador de bomberazo.

La misión tendría que repetirse. Ayer, de regreso en el Templo del Dolor de la UDLA, el Mac habría de enfrentarse de nueva cuenta a ese andamio verde y agreste. La revancha estaba lista.

Si llegar a la escuela entre semana a las 7 es cosa kafkiana, hacerlo en sábado raya fuera de todo lo humano. Ahora imagínense después de la desmañanada, tener que estar en Puebla dos horas y media más tarde y mirar frente a frente al andamio hasta que a los flojos de prensa de los Aztecas se les ocurriera llegar para darnos nuestras acreditaciones y poder entrar al estadio.

Deposité en mi estómago una cemita que mi productor calificó como una vil torta de milanesa. Me vale, estaba buenísima, más por el queso oaxaca, del cual he dicho que soy fan. Mis jugos gástricos recibieron los bolos alimenticios con notas del Gloria de Vivaldi.

Entramos finalmente al Templo del Dolor (pero dolor de trasero por las tribunas). Mac cargaba su mochila y por alguna extraña razón no la bajaba al piso hasta que algún miembro de la expedición le preguntaba por qué la tenía al hombro si no hacía nada.

Por lo peligroso de la tarea que estaba por realizarse, uno pensaría que en la mochila traería arneses, pico, clavos y toda clase de artículos de montañismo. No, sólo estaba mi laptop.

(Órale, que dijeron, ¿que tiene un GPS para no correr con la misma suerte de los alpinistas del Changabang en caso de perderme?
Por favor, no es para tanto.)

Minutos antes de iniciar el ascenso, recorrí las laderas, cuyo territorio habría de ver desde la cima del andamio. Chale, ya neta, me hacía huei.

Pero no podía huir a mi destino. A las 11:15 inicié el ascenso. Pan pianito. Me lo tomé con calma y sin voltear hacia abajo. Pero conforme subía, mis piernas sentían cada vez más presión de la gravedad. Finalmente, llegó el paso de la muerte, subir a la plataforma donde estaba instalada una mesa, dos micrófonos y muchos cables. Mi compañero de ascenso ("el ídolo de Saltillo", bautizado por su servilleta), se adelantó en el camino y ya estaba instalado. Contorsione mi cuerpo de distintas maneras hasta que logré poner pie en ella.

Hice cima a eso de las 11:18 y de ahí no me bajé en casi cuatro horas. Alfonso de la Parra y Andrés Delgado ascendieron 6 mil 864 metros en el Himalaya, yo subí 6 en Cholula.

Pero lo difícil no era la subida...

Cuando tuve que bajar, escuché el grito socarrón de mi productor: "vamos Mac, si ya conquistaste al andamio". Mi respuesta fue clara y contundente: "no inventes, ¡los aplinistas (que se perdieron en el Changabang) llegaron a la cima, pero no bajaron!"

Bajar un andamio en pared vertical con mochila cargada con una laptop de 17 pulgadas y múltiples cables es una nueva modalidad de deporte extremo. No sé cuánto tardé en hacerlo, pero mis piernas tardaron en acostumbrarse a tocar piso nuevamente.

El andamio de la UDLA no puede conmigo.

sábado, noviembre 11, 2006

Borregos Salvajes Campus Ciudad de México

Érase un sábado de septiembre de 2003 al medio día. Un calor de los mil demonios, profundos olores a sudor y una cámara cara colgando del cuello por tres horas. Y la experiencia me gustó. La repetí por 6 semanas más.

(El primer partido que cubrí para fue uno contra la UDLA, en la temporada 2003. El último fue hoy, otra vez ante los Aztecas: las ironías de la vida.) Hasta que observé una de las estampas más representativas y conmovedoras del deporte en cualquier nivel o estrato: el coraje y la impotencia rodando en líquido cuesta abajo por las mejillas. Ver llorar a "monstruos" de 120 kilos le marca la vida a uno. Bueno, al menos a mi.



Una semana después cumplí un sueño: pisé la cancha del Estadio Olímpico. Beamon, Hines, Hugo, Maradona, Platini, Otero. Sentí transpirar su historia evaporada perpetuamente desde su pista y su pasto.

Fueron 4 temporadas. Vi a este equipo descender, reascender, ganar, perder, ganar milagrosamente (Frailes 2004, caray, nunca lo olvidaré), perder partidos que se suponían ganados; viajé con ellos, tomé muchas fotos, hice muchas entrevistas, redacté miles y miles de caracteres, grité sus anotaciones, los critiqué cuando lo merecían, narré sus partidos...

Los vi llegar a su primera Semifinal. Y la transmitimos con récords de audiencia.



E hice amigos... eso es invaluable.

Dios quiera y alguna de mis asignaciones cuando regrese a los medios profesionales (ya tuve mi probadita en meses pasados) me lleve a cubrirlos un día, tan sólo para recordar estos tiempos.

Este sueño no terminó hoy, apenas empieza.


jueves, noviembre 09, 2006

La vida a los 50

A los 25 años escribí que la vida se mide en siglos.

Imagínense haber recorrido la mitad de ella. La televisión en blanco y negro, los Juegos Olímpicos en México (ese salto de Bob Beamon quien en lugar de caer en arena lo hizo en la inmortalidad) y dos Mundiales, la llegada a la Luna, el auge y separación de los Beatles, Pelé, el 10 perfecto de Nadia Comanecci, la muerte de John Lennon, Maradona, la caída del Muro de Berlín, Internet, el año 2000, Juan Pablo II, las Torres Gemelas, cinco campeonatos de Liga de los Pumas.

Te das cuenta que la vida ya no es futuro en su mayoría, sino pasado. Has enterrado familiares, amigos, relaciones, recuerdos y confianzas y te aterra saber que cada día está más cercano al tuyo.

Pero recorres cada momento vivido y lo descrito hace dos párrafos resulta irrelevante.

Dieciocho mil doscientos sesenta y dos días, cuatrocientos treinta y ocho mil doscientas ochenta y ocho horas, veintiséis millones doscientos noventa y siete mil doscientos ochenta minutos… Y a cada instante algo nuevo, a pesar de todo el tiempo transcurrido.

Y suspiras con la tranquilidad de saber que eres más importante que cualquier personaje de un libro de historia.

730 días

(Y hace 730 días publiqué mi primer post aquí)

DeporTV ha durado 32 años de emisiones semanales ininterrumpidas. Chabelo, bueno, creo que ha durado más (y no lo veo desde que me cambió la voz). Las grandes tradiciones se construyen en la constancia.

Cuando inicié esto, pensé en postear cada miércoles. Sólo una vez a la semana. ¿De qué? De lo que fuera, pero una vez a la semana. Después me di cuenta de que eso no me era suficiente, que no sólo los miércoles tengo algo de qué hablar.

En este espacio no escribo necesariamente del tema más importante, ni del mundo ni de mi mundo. A veces sí, a veces no. No tengo un editor, ni un jefe de información. Yo solito me corrijo y me censuro.

¿Qué es este espacio? Soy yo. Es la reflexión, las alegrías, las tristezas, los éxtasis, las agonías y las fruslerías que existen en mi.

No aspiro a cumplir 30 años con este espacio. No sé cuánto me vaya a durar. Quizás un día me mude de espacio, exploten los servidores de blogger, se promulgue una ley que prohiba los blogs o simplemente mi contador deje de crecer y caiga en el desánimo (pa’ que vean que mis lectores son importantes dentro de mi mundito narcisista).

No sé qué pase con este espacio en el futuro, cuántos aniversarios más celebre. Pero yo simplemente quiero ser como el hombre que me inspiró a escribir el post que aparece arriba.

miércoles, noviembre 01, 2006

Niño Opus regresa

Algunos de mis lectores recordarán las anécdotas de Niño Opus.

De común acuerdo, este curioso personaje, mi alter ego, decidió irse al Tibet por ahí de mayo. Entablé comunicación hace unos días y me dijo que lo habían estado contratando como sherpa para varias expediciones en el Himalaya.

La última vez que hablé con él fue el 12 de octubre, me dijo que estaba en el Changabang con dos alpinistas mexicanos...

Y nadie sabe qué ha sido de ellos desde entonces.