miércoles, marzo 29, 2006

La vida a los 25

Caminas por los pasillos de tu universidad. La gran mayoría de tus amigos que se graduaron contigo de la preparatoria ya hicieron lo propio con su carrera. Te has quedado un poco rezagado, y con eso, viene la nostalgia de la gente con la que estabas a los 15.

Observas a tu alrededor y hay miles de personas que a cuentagotas se divisan conforme avanzas tus pasos. Ríen, bromean, se toman de la mano, se abrazan, se besan, platican, se sientan en las escaleras de los edificios. Y al verlos te preguntas ¿qué esta gente no tiene preocupaciones?

Tu andar se torna un poco pesado, al grado que prácticamente arrastras los pies. En tu cabeza rondan cuatro palabras: "un cuarto de siglo". Suena fortísimo, impresionante. Si la historia se mide por siglos tú ya has formado parte de un cuarto de ella. El sentir se acentúa al meditar sobre la falta de título, de trabajo remunerado, de musa y de tu madre. Te han dicho que formas parte de un sector privilegiado de la sociedad, pero no te sientes como tal.

Te instalas en una mesa entre dos edificios y prendes la computadora, que en ocasiones se vuelve tu silenciosa compañera de soledad. Súbitamente percibes una vibración proveniente del bolsillo del pantalón. Tomas el aparato, aprietas un botón y lo llevas al oído. "¿Bueno?" Una voz desafinada te canta "Las Mañanitas". Sonríes. Es ella. Es él. Son todos. Son los amigos que han cruzado a tu lado el umbral del cuarto de siglo y que te recuerdan que tienes motivos para seguir adelante, que no es el fin de una etapa, sino el inicio de otra: el cuarto de siglo donde encontrarás a tu musa, formarás una familia, tendrás a tus hijos, te harás un gran periodista y verás crecer los sueños que has construido durante 25 años.

Cuelgas. Suspiras. Volteas un segundo al cielo. Cabeza en alto. Lo mejor está por venir.

domingo, marzo 26, 2006

La vida a los 15

Normas centenarias dictan que a los 15 años cumplidos se presenta a la mujer en sociedad, en un evento construido por ritos que difícilmente me merecen un calificativo decente. Mi abuelo lo definió de manera por demás congruente: "es como decirles a todos 'hagan fila cabrones, ahí les mando a mi hija'". Queda claro, pues, que ni mi madre ni mi tía tuvieron fiesta de XV años.

¿Y qué hay de los hombres? ¿O es que no necesitamos ser presentados? O peor aún, ¿la época en la que se conjuró esta serie de normas hacen pensar que los hombres ya formaban parte de la sociedad sólo por su condición de hombres? Sería triste considerar eso con todas sus implicaciones machistas.

Las mujeres de hoy son más prácticas. Las fiestas de XV años tienden ahora a ser "reventones" de baile de ritmos arrítmicos hasta altas horas de la noche, amparados en un ínfima luz y con alcohol corriendo por doquier. (Hey, ¿no que a los 15 es ilegal beber alcohol?)

Pero más allá de la mordaz crítica que de mis hábiles dedos pudiera surgir, ir a una fiesta de 15, cuando estoy a un paso de tener 10 más que eso, me hace observar otro tipo de aspectos, más enfocados en la conducta humana. Alguna vez dije a un profesor que cada quién interpreta lo que ve con base en sus demonios, y de ahí me surgió la idea de poner un post con una foto esperando comentarios de mis ávidos lectores diciéndome lo que veían ahí. Fue todo un fracaso. Pero volviendo al tema, precisamente uno analiza lo que ve con base en las porquerías que traiga en la cabeza.

De todo lo que vi, en un antro pasado de moda hace más de un lustro, más allá de la media noche, agotado por el trabajo que me permitió salir de ahí en sábado a la hora de la Cenicienta, saqué una conclusión que no sé si debe hacerme sentir bien o aterrarme:

Qué dulce es la vida a los 15.

domingo, marzo 12, 2006

Je me souviens...

Hace unos minutos platicaba por medio de una ventanita virtual con una gran amiga de que tenía ya varios días sin escribir aquí (24 para ser precisos) y que la causa no era solamente la falta de tiempo, sino más bien de inspiración.

Acaso como una enorme y fortuita bendición, caí en un blog que de vez en cuando leo y que, al ver sus últimos posts me remitió a algunos momentos de mis primeros años de existencia en este mundo.

Espero que si el autor de ese blog ve esto, no lo tome como un plagio, sino como un profundísimo agradecimiento por devolverme un tanque de inspiración, cuando el oxígeno se ha vuelto un objeto secundario de supervivencia.

Yo recuerdo...

  • Me acuerdo de Mazinger Z, los pitufos, He-Man, los Thundercats, los Picapiedra y los Supersónicos
  • Me acuerdo de los sábados por la mañana jugando con la selección del Cedros
  • Me acuerdo de mi primer/mejor gol
  • Me acuerdo de haber escrito "ázucar" en lugar de "azúcar" en un concurso académico, con lo que mi salón perdió el primer lugar, aún cuando yo tenía la mejor ortografía de la generación
  • Me acuerdo de los compañeritos en la escuela que no me invitaban a sus fiestas
  • Me acuerdo de los que sí lo hacían
  • Me acuerdo de Mariana
  • Me acuerdo de las kermesses del Buckingham
  • Me acuerdo de haber bajado en brazos de mi tío de mi departamento durante el terremoto del 85 (el que fue de noche)
  • Me acuerdo de los domingos levantado a las 7 de la mañana
  • Me acuerdo de ver a las 8 el partido del Nápoles, con Maradona
  • Me acuerdo de cambiarle minutos antes de las 10 para ver las catafixias de Chabelo
  • Me acuerdo de ver al Real Madrid de Hugo Sánchez a las 10 en punto
  • Me acuerdo de ver a los Pumas a las 12
  • Me acuerdo de mi primera vez en la tribuna del Estadio Olímpico
  • Me acuerdo de haber visto a Miguel España ese día en las gradas y que me firmó el boleto con el que entré
  • Me acuerdo que Pumas y Morelia empataron a dos goles ese día
  • Me acuerdo de haber gritado como desaforado desde el cuarto de mis padres el golazo del "Tuca" Ferreti en la Final de la 90-91, contra el América
  • Me acuerdo de haber llorado al terminar mi último partido con el Cedros, de rabia e impotencia por no haber podido hacer nada para que no perdiéramos esa Final
  • Me acuerdo de Juan Jiménez
  • Me acuerdo de las bermudas grises del uniforme del Cedros
  • Me acuerdo de La Sirenita
  • Me acuerdo de Agustín, Santiago, Pablo, Jorge, Joaquín y en general de mis amigos de la primaria
  • Me acuerdo de que rezábamos un Ave María antes de cada clase
  • Me acuerdo de que rezábamos el Angelus a las 12
  • Me acuerdo del padre Ricardo
  • Me acuerdo de Ernesto Sevilla
  • Me acuerdo de Adolfo Guardado
  • Me acuerdo del "Lobo"
  • Me acuerdo de Chema
  • Me acuerdo de los partidos contra el Instituto México
  • Me acuerdo del empedrado de Tecoyotitla
  • Me acuerdo de Mónica
  • Me acuerdo de mi tío Guillermo
  • Me acuerdo de mi abuelo Angel y su postura siempre seria
  • Me acuerdo de la sonrisa de mi abuela Gracia
  • Me acuerdo de "mamá Male" cantando Alfonsina y el Mar
  • Me acuerdo de mi abuelo Enrique y su cabellera color blanco profundo
  • Me acuerdo de mis primos cuando eran también niños
  • Me acuerdo de la estación Etiopía del metro
  • Me acuerdo del Tsuru rojo, después blanco
  • Me acuerdo del LeBarón verde
  • Me acuerdo del departamento de Xochicalco
  • Me acuerdo de la casa de Ecatepec
  • Me acuerdo de la casa de Salvatierra
  • Me acuerdo de la llegada a Cuemanco
  • Me acuerdo de que podía cruzar el Periférico por abajo porque casi no pasaban coches
  • Me acuerdo de mi madre que me quería dar besos y yo me rehusaba
  • Me acuerdo de mis profesores que fueron alumnos de mi padre
  • Me acuerdo del "Calcula y dibuja"
  • Me acuerdo de que Ángel era una "albóndiga con patas"
  • Me acuerdo del primer partido de futbol americano que vi: el Súper Tazón XXIII, la ofensiva de minuto y medio de Joe Montana
  • Me acuerdo de los Lakers del "Magic" Johnson
  • Me acuerdo de que le hablaba a mis tíos de futbol y ellos me veían con cara de "what?"
  • Me acuerdo de que me reencabronaba que perdieran los Pumas
  • Me acuerdo de que los niños de grados más abajo del Cedros me preguntaban qué me había pasado en la mano izquierda
  • Me acuerdo de la rampa del Cedros
  • Me acuerdo del futbol en los recreos
  • Me acuerdo de los 6 de enero en la mañana, después de que llegaran los Reyes Magos

Me acuerdo de... tantas cosas de mi infancia, que una vida entera no sería suficiente para escribirlas todas.