lunes, diciembre 18, 2006

Mutismo

Imagínense a un locutor sin voz... ¿Qué es eso? Es nada. Eso es el silencio para mi: nada.

Pues bien, mi garganta me hizo el favor. Desde la noche del sábado a eso de las 10 me quedé mudo y, por añadido, con un dolor anginal marca diablo. No soy médico, pero creo que mi diagnóstico no debe estar muy alejado de la realidad: una nación (no colonia) plenamente constituida de bacterias debe estar alojada ahí.

A partir de ahí, toda clase de remedios, caseros, científicos y otros inclasificables. Tequilas, otras madres ve-tú-a-saber qué traían (Jaggermeinster?), miel con limón, miel con limón y mantequilla, pastillas de unas, pastillas de otras, vick vaporub y afrin para la congestión nasal y ya no sé qué más cosas. Al menos la garganta ya no me duele.

Algo interesante sería checar la lista de sustancias prohibidas del COI y la FIFA acabo de romper. Pero no, me da flojera.

Pasaron mis primeros días de vacaciones desde enero, que pasé en la enfermedad, comenzando por una gripilla y llegando, hasta ahora, a dejarme en el mutismo.

Pero el problema es en la garganta. Mis dedos aún funcionan y puedo escribir, ja!

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