jueves, diciembre 28, 2006

Cansado de...

Mis hermanos fueron muy insistentes, demasiado, pero creo que nadie puede rechazar que lo inviten.

Entrar a Perisur en diciembre es como convertirse en Homero (el de Dante, no Simpson) y crear el octavo círculo del infierno. Hay gente por doquier, las tiendas están abarrotadas y a quienes sufrimos de engentamiento nos dan ganas de tomar un rifle y disparar al primer inocente que se cruce en nuestro campo visual. Más en miércoles de (pueblerino) 2 por 1.

La sorella y el fratello tenían ganas de algo dominguero. Y qué cosa más dominguera hay en cartelera que "Cansada de besar sapos". Moralmente yo no tenía voto (no voy, me llevan, jaja) y tampoco quería echar a andar mi cabecita para buscar una mejor opción (mi neurona se fue a buscar a Niño Opus al Himalaya). Sala 1, hasta dentro de dos horas y media, disfrútenlo.

Qué prisa había. Fuimos al Starbucks de fresilandia Pedregal a recordar como odio a la gente retrógrada y prepotente que vive ahí (para mis pulgas, mi mejor amigo habita en esa colonia). Después a echar el taco. Regresamos a Perisur, ya con menos gente, y confundimos la sala 1 con la sala IMAX. Jojojojo. Después de los 20 minutos de comerciales, iniciaba "Una noche en el museo": otra dominguera, pero mis hermanos querían llevar el término a su máxima expresión. Cuando vimos que la piedrícula era doblada, optamos por la sinceridad y nos fuimos a la sala que por derecho y precio nos correspondía.

El inicio fue prometedor. Ver a Ana Serradilla en paños menores (joder, esa tanga...) es un espectáculo digno de la más fina y pecaminosa pupila masculina. Pero de inmediato mi hermano soltaba comentarios preocupantes: "no mames, está bien anoréxica". Y tiene razón, porque si es cierto eso que la cámara aumenta 10 kilos (espero que en mi caso sean 20 por mis últimas experiencias ante una), yo calculó que esta diosa pesa unos 25.

No voy a aburrirlos con una crítica de cine larga, para eso tengo a mi cinéfilo de cabecera (Galván!!! actualiza tu blog!!!). Mucho menos a contársela porque narrar una película me parece un acto casi tan aberrante como acostarte con la novia de tu mejor amigo. Sólo voy a decir que la trama fue un refrito de cualquier librito de esos de Jazmín (haganse pendejos, saben bien de qué les hablo) pero con chispazos hilarantes, y que lo único que rescata la inversión del boleto es el trasero de la protagonista (ni siquiera su frente, sí está demasiado flaca). A menos que sean de esas personitas que creen que el amor lo soluciona todo y es el único pretexto válido para cualquier idiotez. Así sí, la van a disfrutar.

Tras este desaguisado filme y después de mucho reflexionar, ahora entiendo por qué no me gustan estas fechas: esta película se llama "Cansado de que no haya futbol".

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