sábado, noviembre 11, 2006

Borregos Salvajes Campus Ciudad de México

Érase un sábado de septiembre de 2003 al medio día. Un calor de los mil demonios, profundos olores a sudor y una cámara cara colgando del cuello por tres horas. Y la experiencia me gustó. La repetí por 6 semanas más.

(El primer partido que cubrí para fue uno contra la UDLA, en la temporada 2003. El último fue hoy, otra vez ante los Aztecas: las ironías de la vida.) Hasta que observé una de las estampas más representativas y conmovedoras del deporte en cualquier nivel o estrato: el coraje y la impotencia rodando en líquido cuesta abajo por las mejillas. Ver llorar a "monstruos" de 120 kilos le marca la vida a uno. Bueno, al menos a mi.



Una semana después cumplí un sueño: pisé la cancha del Estadio Olímpico. Beamon, Hines, Hugo, Maradona, Platini, Otero. Sentí transpirar su historia evaporada perpetuamente desde su pista y su pasto.

Fueron 4 temporadas. Vi a este equipo descender, reascender, ganar, perder, ganar milagrosamente (Frailes 2004, caray, nunca lo olvidaré), perder partidos que se suponían ganados; viajé con ellos, tomé muchas fotos, hice muchas entrevistas, redacté miles y miles de caracteres, grité sus anotaciones, los critiqué cuando lo merecían, narré sus partidos...

Los vi llegar a su primera Semifinal. Y la transmitimos con récords de audiencia.



E hice amigos... eso es invaluable.

Dios quiera y alguna de mis asignaciones cuando regrese a los medios profesionales (ya tuve mi probadita en meses pasados) me lleve a cubrirlos un día, tan sólo para recordar estos tiempos.

Este sueño no terminó hoy, apenas empieza.


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