viernes, septiembre 22, 2006

Volver a los orígenes

Es grato que se acuerden de uno. Casi me vine de espaldas cuando Toñito (el eterno Toñito de la recepción) me dijo "tú eres ex-alumno, ¿verdad? Otero Mac Kinney". Ese huei soy. Ya no tengo la sonrisa pícara, y en lugar de crecer para arriba lo hice para los lados, mi barba de candado es activo fijo desde hace cuatro años, pero aún así fui reconocible.

Ver a Neto igualito, sólo con unas canas más; a Prisciliano, cuyo vozarrón permanece intacto; a PriscoFrancisco, Garduño, Penagos y Tenopala, por quienes no pasan los años. Todos ellos se ven igual que cuando me dieron clase. ¿Será que sólo nosotros crecemos? Pero es grato hablarles de adulto a adulto y sin tener que voltear hacia arriba para verlos a los ojos.

Todo me era familiar, hasta que entré a la primaria. Dios mío, ya parece escuela de verdad, y ahora que está de moda, hasta segundo piso le pusieron. Ya no hay cooperativa, sino una mouderna cafetería. Los patios sé que están iguales, pero ahora se ven más chicos, es el precio del tiempo.

Y la cancha de futbol... Al menos para mi, ese siempre será un recinto sagrado. Casi lloro al ver la portería donde anoté mi (gran-magnífico-inolvidable-espectacular-incomparable) primer gol. Es el pasto sagrado del Cedros, que siempre será mi campo.

- ¿Qué se siente ser un niño Cedros? (AT)

Al menos el miércoles me sentí muy bien de serlo.

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