miércoles, agosto 09, 2006

Para Enrique...

... y para Cynthia.


Fue apenas este domingo por la noche. Un lector de este blog me contactó para un asunto de mi familia. Resulta que su esposa es prima segunda mía. Y medio lejana, porque viven en Canadá. Una de esas ramas del ábol genealógico que uno sabe que existe, pero no la conoce.

Omar y Karina están investigando sobre la historia de los Mac Kinney en México. Resulta que estamos aquí desde las épocas de Santa Anna y que su servidor ya es de la séptima generación. Perdí un par de horas de sueño para aclarar algunas dudas de Omar y ampliar un poco la investigación, pero creo que bastante bien aprovechadas.

El primer eslabón del cual tengo memoria de un Mac Kinney es mi abuelo. El falleció hace casi 9 años, y fue el primer ser querido que perdí ya con uso de razón.

Fue un trago durísimo de asimilar. Un adolescente indefenso de 16 años, estresado por una revista que no salía por la opresión de una escuela ultraconservadora; perdiendo el ánimo por llevar materias que sabía que jamás me servirían, pero que ad ovo tenía que aprenderles algo (anatomía, biología, química, ¡guácatelas!) para aprobarlas; y un abuelo siendo consumido rápidamente por el cáncer. Qué pinches días fueron esos.

Ese Enrique fuerte y sano se marchitaba ante nuestros propios ojos. Recuerdo que mi madre pasó una temporada en Cuernavaca, donde vivía él, para cuidarlo. Incluso aprendió algo de tanatología. Pero un 6 de noviembre él dejó este mundo, justo un par de días después de firmar testamento y dejar todos sus asuntos en orden.

El día que murió mi abuelo aprendí que dar un pésame es la cosa más funesta que puedes hacerle a alguien, por eso desde entonces jamás lo he hecho. Creo que fue la única vez que lloré en todo el proceso.

El funeral... Bueno, un ejercicio dantesco sin lugar a dudas. La llamada de mi tío desde Inglaterra, los cantos (Dios mío, ¿por qué cantaron?) y el ver por primera vez el ataúd de mi hermano José Pablo, quien está enterrado en la misma fosa. Pero con una hermana de 13 y uno de 11 no me di el lujo de derrumbarme. Ya saben, los hermanos mayores creemos que somos el vértice de la familia.

Omar y yo empezamos a platicar de mi abuelo y del de su esposa, que eran hermanos. Juan Mac Kinney falleció apenas en 2004. Obviamos el tema a las pocas líneas. Pero no, mi cabezota no deja pendientes esos temas.

"Me acuerdo de mi abuelo Enrique y su cabellera color blanco profundo", escribí sobre Enrique aquí mismo hace algunos meses. Por supuesto me acuerdo de muchas cosas más, y al hacerlo se me provoca un enorme nudo en la garganta y los ojos se saturan de humedad. ¿Qué es estar muerto?

muerte
f. Extinción de la vida

Hoy, en la voz de una gran amiga, el nombre Enrique regresó a mi mente. Tan fuerte y tan claro como su robusto cuerpo hexagenario y tan profundo como su cabellera blanca. Qué más da si ya no estás en la mesa cuando visito a mi abuela o si para hablar contigo tengo que hacerlo con una lápida. Estás en mi mente. Estás en nuestra mente.

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