lunes, julio 17, 2006

Voto por voto

"Que se cuente voto por voto", dicen. Yo pensé que eso ya se había hecho...

Si no fue así, entonces estoy empezando a dilucidar un par de métodos sobre cómo se anotan la cifra de VOTOS en las actas de cada casilla...

1. Cuando termina la elección, se coloca el acta electoral encima de la ranura de la urna. Se cuenta hasta 10. Se le esparce un poco de agua con sales mágicas. Abracadabra. Y ¡zas! aparecen los números de los votos.

Cuando el acta trae irregularidades es porque quedó un pequeño espacio de la ranura sin cubrir por el acta, o bien, no se emplearon las sales mágicas. Ah, o los funcionarios de casilla no sabían contar hasta 10.

2. El "estudio del mercado". Los escrutadores pasan el día previo a la elección yendo de casa en casa con sus vecinos haciendo una encuesta particular. Con base en sus resultados sacan un porcentaje que empatan con el total del padrón. A ojo de buen cubero determinan qué proporción de los electores acudirá a votar. ¡Voilà! Tenemos los resultados.

Aquí el problema radica sí, señores, cuando los escrutadores no saben contar... O vaya, con que no sepan matemáticas de secundaria.

Ridículo, ¿verdad?

Pues así de ridícula me parece la consigna del PRD de contar voto por voto. Porque ya se contó así,¡y dos veces!

Yo me remito a las pruebas. ¿Fraude? Dúdolo, y no porque haya votado por Calderón (sí señores, MAC VOTÓ POR CALDERÓN), sino porque un fraude electoral no da un pírrico 0.5% de ventaja para un candidato. Lo que pasa, es que el pueblo sigue bajó la influencia traumática de las elecciones turbias de siete décadas. Y esa herida podría tardar un buen rato en sanar.

Y si seguimos con los hechos, como computólogo sé que es ridículo pensar que con un sistema de código abierto como según sé tiene el IFE (Java os hará libres!!!) es risible pensar que alguien le puede meter mano sin que nadie lo sepa.

Como periodista, sé que lo que pretende AMLO es manipular a la ciudadanía para adueñarse de la presidencia, aún sin haber ganado en las urnas.

Como ciudadano, me genera asco y miedo ver cómo se polariza la sociedad entre ricos vs pobres, empresarios vs trabajadores, empledos vs desempleados, letrados vs iletrados e intelectuales vs intelectualoides. Y peor aún, ver cómo se descalifica el trabajo de mis vecinos que pasaron horas y horas de capacitación, y una chinga en un domingo para sacar adelante la elección.

Y como hijo, me consta que mi madre, quien de por sí ya gana la mitad de lo que debería percibir por el trabajo que hace en el Gobierno del DF (austeridad republicana, dicen), era obligada a dar parte de su sueldo para la campaña de López Obrador y de Ebrard.

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