sábado, julio 29, 2006

Like a Rolling Stone...

(Traía este post pendiente desde ayer)

Hoy pienso revelarles un secreto: muchos de mis posts, especialmente aquellos cuasipersonales semidebrayantes que sólo yo podría entender al cien por ciento, los construyo en el coche. En ese momento entre el trabajo y el descanso donde la soledad me cae como tromba. Sin compañeros de trabajo y sin familia, por media hora aprox.

Ayer subí a mi coche después de caminar tres cuadras desde el trabajo y de creer haber visto a una amiga de la que no he sabido nada en años llegando a su casa. (No era ella, pero sí la casa.) Debo ser el único tipo que no tiene la edad de mi padre y pone Universal Stereo (la estación de los clásicos) a volumen de antro.

Me reciben los primeros acordes de Bob Dylan cantando "Like a Rolling Stone". No es una canción, es un himno. Le subo a la perillita y los decibeles copan el entorno. Conduzco por la colonia Del Valle hasta salir a Eje 7 y mágicamente, como recuerdo que alguien me dijo una vez hace no mucho tiempo, todos los semáforos se me ponían en verde. ¿Una noche especial? Eso opinaría ella. Yo soy más escéptico con esos asuntos. El encanto me duró hasta el cruce con Patriotismo. Y la canción también.

Pero mientras digería las líneas de la canción mi mente gritaba. Sí, más fuerte que Bob Dylan, y vaya que alza la voz en esa rolita.

How does it feel
How does it feel
To be without a home
Like a complete unknown
Like a rolling stone?

Dicen que las personas buscamos gente afín a nosotros para encajar, encontrar una identidad y así, socializar para satisfacer toda clase de necesidades del animal político que somos. Yo soy la prueba viviente de que eso no es cierto. Un día que me encontré entre gente afín al Mac me di cuenta que no había identidad ni la más mínima gana de socialización.

You've gone to the finest school all right, Miss Lonely
But you know you only used to get juiced in it
And nobody has ever taught you how to live on the street
And now you find out you're gonna have to get used to it
You said you'd never compromise
With the mystery tramp, but now you realize
He's not selling any alibis
As you stare into the vacuum of his eyes
And ask him do you want to make a deal?

Dicen que uno escarmienta en cabeza ajena. Eso sí lo creo. Y vaya que la experiencia ajena me ha prevenido de darme hartos sorrajazos por la vida. Pero no de todos. Y como me he topado con esos "rolling stones", aquellos que no solamente lejos de apellidarse Jagger o Richards son almas a la deriva y sin un rumbo del todo fijo.

Ya en Revolución mi mente tomó asuntos de menor importancia. Por primera vez en no-sé-cuántas noches mi estómago no estaba inflamado (nota al margen: visitar a un gas-tro-en-te-ró-lo-go, eventualmente). Cositas así. Luego de un súbito golpe vino un contraataque. Ya no sé en qué momento fue o simplemente por qué llegó. Volví a recordar que estoy a dos semanas de regresar a la escuela y que eso implica, en el mejor de los casos, dejar de ir al periódico la mitad del tiempo que he estado en estos últimos dos meses.

"Cuando es la novedad, no es difícil; pero deshacerte de lo cotidiano, eso sí está cabrón", alguien me dijo un par de horas antes.

Cruce de Barranca del Muerto y Periférico, el locutor de Universal: "es viernes por la noche, hay que celebrar". Y me di cuenta que al menos por esa noche no tenía nada que celebrar.

Pensé que mi "envidiable" memoria (pobres incautos aquellos que piensan que tener buena memoria es maravilloso) que registra todo el pasado con puntos y comas ya tenía un nuevo aliado: mi voz de profeta. A lo largo de la semana me di cuenta de que el 7 de agosto me va a entrar una depresión del carajo, porque pase lo que pase con mi inestable situación laboral, me voy de "vacaciones forzadas" del periódico y en el mejor de los casos regresaré el 15. Como sea, será romper de un madrazo con la cotidianeidad.

De la misma manera que predije que extrañaría el Mundial. Y sí, tuve toda la razón.

Soy dueño de mi pasado y de mi futuro. Y sería un hombre plenamente feliz si fuera dueño de mi presente. Pero no lo soy.

Llegué a casa arrastrando los pies y mi poco ánimo. No es para preocuparse, a veces pasa. Pasé una media hora con el vecino discutiendo de... Martha Sahagún, los centroamericanos, AMLO, el nepotismo... Toda una sopa de variedades, hasta que mi padre y yo nos decidimos terminar con la imprevista visita y caminar a casa.

Pero al entrar me di cuenta que si había algo que celebrar. Sólo que hoy ya caí en cuenta de que no puedo gastar mil doscientos dólares y esperar a la mensajería cada vez que me sienta un poco deprimido.

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