jueves, julio 06, 2006

'Les Bleus' no podrán quitar a Francia su depresión

PARÍS, jul 6 (Reuters) - En los impetuosos días de julio de 1998, cuando el equipo multiétnico de Francia ganó su primer Mundial, los líderes políticos predecían que la victoria remediaría las divisiones sociales de la nación y superaría las tensiones raciales.

Ocho años después, con el equipo al borde de un nuevo triunfo, los políticos aprendieron aquella lección y nadie pretende que el futbol pueda crear una integración social.

"En 1998 hablábamos acerca de una Francia multicultural enriquecida con esa diversidad", dijo Vincent Tiberj, un profesor de la prestigiosa universidad Science Po de París.

"Pero el debate político cambió. Francia está tensa y la diversidad cultural y religiosa ya no es considerada como una posesión por casi una de dos personas", agregó.

En 1998, Francia vivió un extraño momento de fraternidad y gloria en la diversidad racial de "les Bleus" (los azules), el equipo que fue saludado como "blanco, negro y beur", con beur como referencia a los franceses originarios del norte de África.

Entonces llegaron los ataques del 11 de setiembre en Estados Unidos, que originaron cierto temor hacia los militantes islámicos, seguidos un año más tarde por el asombroso éxito del ultraderechista Jean-Marie Le Pen en las elecciones presidenciales, en las que alcanzó la segunda vuelta.

Los disturbios del año pasado en los suburbios más pobres, habitados en su mayoría por inmigrantes, mostraron la imagen de un país que pelea por abrazar su sociedad multicultural, pero en el que sus jóvenes se quejan por la discriminación, pobres condiciones de vida y un sombrío futuro.

Por lo tanto, el inesperado suceso de la selección francesa en la Copa del Mundo 2006 no genera ninguna falsa expectativa.

"Tenemos que ser muy cautelosos para no esperar demasiado del deporte. Eso no puede resolver nuestros problemas", expresó el portavoz gubernamental, Jean Francois Cope, en declaraciones a Radio J.


DIVERSIDAD

El equipo francés es uno de los que tiene mayor diversidad étnica en el mundo.

Su más famoso integrante es Zinedine Zidane, hijo de inmigrantes argelinos.

Otras dos estrellas, Lilian Thuram y Thierry Henry, son originarios de Indias Occidentales, mientras que muchos otros tienen raíces africanas, como Patrick Vieira, Claude Makelele,
Vikas Dorasoo, Jean-Alain Boumsong y Sylvain Wiltord.

De los once que formaron el equipo titular en la Semifinal ante Portugal, solamente tres eran blancos, y uno de ellos, Franck Ribéry, es musulmán converso.

El líder derechista Le Pen criticó la integración del equipo al considerar que había "muchos jugadores de color".

"Sentimos que Francia no se identifica con este equipo", dijo la semana anterior.

La cifra de telespectadores, en tanto, sugiere que el político podría estar equivocado.

Casi 22 millones de personas, cerca de 90 por ciento de la audiencia total, vieron el partido de Francia contra Brasil en Cuartos de Final, jugado el sábado, y cientos de miles inundaron las calles agitando banderas para celebrar la victoria por todo el país.

"El equipo francés dio una extraordinaria imagen positiva del poder de integración, pero sería una gran ingenuidad creer que es el reflejo de nuestra sociedad", dijo Nonna Mayer, socióloga del centro de investigación Science Po.

La Copa del Mundo llegó en un momento delicado para Francia, cuando el gobierno conservador está en medio de una batalla contra la inmigración ilegal pero utilizando niños registrados en escuelas francesas como una manera de localizar a las familias sin documentos.

Unos 4.5 millones de inmigrantes viven en Francia, según información oficial, y entre 200 mil y 400 mil extranjeros ilegales residen en Francia, de acuerdo a cifras del ministerio del Interior.

Aún bajo la emoción que se generó por la victoria del miércoles ante Portugal, los aficionados no tenían demasiadas ilusiones en que la selección hiciera olvidar los pesares.

"Este es un momento maravilloso pero no va a librarnos de nuestros problemas", sostuvo Rafael Madet, un empleado de 26 años del área de computación, en un bar de París.

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