sábado, mayo 13, 2006

Una cajita Flexi

¿Quién de ustedes (OK, de los que me conocen en persona) me hubiera imaginado caminando con unos tenis rojos? Hace unos meses ni siquiera yo. Pero si yo soy aquel que va a sus presentaciones de pijama, pantuflas y con una cobija, ¿por qué no habría de pasearme por la vida con unos tenis rojos?

Eso pensé el jueves de la semana pasada cuando los compré.

Normalmente uno consume el producto y desecha la envoltura. Así pude haber tirado la caja. No lo hice. Pensé en darle una mejor utilidad.

Si los baúles guardan los recuerdos de una vida, las cajas de zapatos guardan las de los capítulos de ésta. Desconozco si la gente piensa así, pero mi hermano y yo sí lo hacemos. Él tiene los recuerdos de un amor perdido guardados en una. Los dos, quizás por casualidad del destino, elegimos una cajita de Flexi.

Cositas bobas y cursis la mayoría que te hacen recordar que alguna vez sentiste tus pies caminando por las nubes y que le dan sabor a ese absurdo que llamamos amor. Fotos, cartas, notas, regalitos, tiliches... Unos las queman, otros las guardamos, porque no hay presente sin pasado, y negarlo sería negarnos a nosotros mismos.

Así pues, hube de comprarme unos tenis rojos para que mis pies volvieran a caminar en la tierra y para guardar el recuerdo.

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