domingo, mayo 07, 2006

Levantarse y aplaudir

David Beckham conduce el balón por banda derecha y alza la cara. Manda un centro. Zinedine Zidane se eleva y se suspende en el aire. El tiempo se debate entre hacer una pausa o simplemente aletargar su tránsito. Opta por lo segundo. El francés conecta con la cabeza y el esférico culmina su trayectoria parabólica en el lugar donde la red y el poste convergen.

Gol de Zidane.

Como aquellos dos en el Stade de France en la Final del Mundial ante Brasil.

Como aquel en la Final de la Liga de Campeones de 2002 en Glasgow.

Mientras el balón viaja a la portería, Zidane da unos pasos hacia atrás, producto de la inercia del movimiento. Cuando entró, simplemente alzó el brazo para dar un golpe al aire (una costumbre que tenemos aquellos que hemos metido un gol y que no puedo explicar a qué se debe) mientras trotaba hacia el centro de la cancha: un festejo discreto.

Ochenta mil personas se levantaron de sus asientos y aplaudieron. No fue un grito estruendoso, no fue el grito común de gol, sino la ovación de la obra que termina. “Árbitro, no pites el final…”

Aquellos que apreciamos el deporte de las patadas vemos a Zinedine Zidane como el Carusso del futbol. Hoy fue su última obra en la Casa Blanca y a un mar de distancia no me queda más que seguir el ejemplo de los afortunados que están en el Bernabéu:

Levantarme y aplaudir.

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