lunes, mayo 01, 2006

En mayúsculas / En altas

JPGJ: Qué cute, escribes Dios con mayúscula.
RJOM: ... Soy católico...

Desde la primaria nos enseñan que los nombres propios van con mayúsculas: Ricardo, Enrique, Pedro, México...

La Real Academia de la Lengua Española nos dice lo siguiente en "Ortografía de la Lengua Española":

Se escribirá con letra inicial mayúscula todo nombre propio, como son los siguientes:

a) Nombre de persona, animal o cosa singularizada.
b) Nombres geográficos.
c) Apellidos.
d) Nombres de constelaciones, estrellas, planetas o astros considerados como tales.
e) Nombres de los signos del Zodiaco.
f) Nombres de los puntos cardinales, cuando nos referimos a ellos explícitamente.
g) Nombres de festividades religiosas o civiles.
h) Nombres de divinidades.
i) Libros sagrados.
j) Atributos divinos o apelativos referidos a Dios, Jesucristo o la Virgen María.
k) Nombres de las órdenes religiosas.
l) Marcas comerciales.

(Éjele, ya ven, de acuerdo con la regla h, Dios se escribe con mayúsculas.)

Y desde el primer día en mi trabajo me hicieron ver una serie de reglas de estilo que hacían que palabras como Jornada, Playoffs, Final, Semifinal, Mundial, País (refiriéndose a México solamente), entre otras, tendrían que escribirse así, no en mayúsculas, sino en altas. ¿Por qué en altas? Como diría un muy buen amigo, uno de mis iniciadores en este oficio: jerga mamona de periodistas.

Pero aún así, los escritores nos damos de topes con la Real Academia e impunemente nos pasamos por el arco del triunfo sus reglas. García Márquez desde hace mucho tiempo ha pugnado por eliminar los acentos del castellano, ya que cualquiera, dice, sabría diferenciar entre "revolver" y "revólver". Pero en el caso de las mayúsculas, nos da por ponerlas en pronombres personales: Él / Ella, principalmente. Y aunque la propia RAE se rasgue las vestiduras ante estas impiedades del lenguaje, usamos este recurso al escribir sobre quien los más cursis llaman "esa personita especial". El amor apendeja, me cae, y nos hace ver a ese ser como una divinidad (de nuevo, regla h). No hablo de terceras personas, yo también he caído en ese error, y seguramente algún día volveré a hacerlo.

Pero he ahí el doble filo del asunto: el uso inadecuado de este recurso puede hacer caer a uno en la soberbia. Queda claro que son muestra de importancia. En el mundo de las letras, las palabras le hacen reverencias a sus congéneres en mayúsculas.

Ten cuidado cuando escribas algo en altas/mayúsculas, porque podrías poner Eso a la altura de Dios.

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