miércoles, mayo 17, 2006

Autosemblanza

No tengo la costumbre de poner nombres en mi blog. En una época me dio por poner seudónimos a esos personajes a los que me refería en mis relatos. Últimamente me da por poner sus iniciales. Ya saben lo que pienso: el seudónimo es al escritor lo que el aliás es al criminal.

He tratado de cubrir aquellos asuntos personales en este blog para no dar demasiada información. Incluso, por un momento, en los primeros días de enero, renuncié a eso y estuve a punto de cerrar este espacio.

Mi contador me revela que gente de otros países ha entrado aquí. Bienvenidos sean. Es extraño cómo la magia de Google y Blogger puede lograr que gente de lugares tan lejanos como Uruguay, España, Argentina o Alemania lleguen aquí. Por eso no pongo nombres, porque Google los delataría. Jíjoles, cuántas cosas podría revelar aquí, podría inventarme un nombre como… Inés de la Cruz… y después armar toda una historia digna de un novelista. Pero no, yo no hago esas cosas.

El único personaje real que encontrarán aquí soy yo. Y si se han preguntado quién es este orate que satura la red, de poco serviría darles mis datos básicos (edad, ciudad, ocupación y todos sus etcéteras) si quien realmente soy está plasmado en mis letras.

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