domingo, marzo 26, 2006

La vida a los 15

Normas centenarias dictan que a los 15 años cumplidos se presenta a la mujer en sociedad, en un evento construido por ritos que difícilmente me merecen un calificativo decente. Mi abuelo lo definió de manera por demás congruente: "es como decirles a todos 'hagan fila cabrones, ahí les mando a mi hija'". Queda claro, pues, que ni mi madre ni mi tía tuvieron fiesta de XV años.

¿Y qué hay de los hombres? ¿O es que no necesitamos ser presentados? O peor aún, ¿la época en la que se conjuró esta serie de normas hacen pensar que los hombres ya formaban parte de la sociedad sólo por su condición de hombres? Sería triste considerar eso con todas sus implicaciones machistas.

Las mujeres de hoy son más prácticas. Las fiestas de XV años tienden ahora a ser "reventones" de baile de ritmos arrítmicos hasta altas horas de la noche, amparados en un ínfima luz y con alcohol corriendo por doquier. (Hey, ¿no que a los 15 es ilegal beber alcohol?)

Pero más allá de la mordaz crítica que de mis hábiles dedos pudiera surgir, ir a una fiesta de 15, cuando estoy a un paso de tener 10 más que eso, me hace observar otro tipo de aspectos, más enfocados en la conducta humana. Alguna vez dije a un profesor que cada quién interpreta lo que ve con base en sus demonios, y de ahí me surgió la idea de poner un post con una foto esperando comentarios de mis ávidos lectores diciéndome lo que veían ahí. Fue todo un fracaso. Pero volviendo al tema, precisamente uno analiza lo que ve con base en las porquerías que traiga en la cabeza.

De todo lo que vi, en un antro pasado de moda hace más de un lustro, más allá de la media noche, agotado por el trabajo que me permitió salir de ahí en sábado a la hora de la Cenicienta, saqué una conclusión que no sé si debe hacerme sentir bien o aterrarme:

Qué dulce es la vida a los 15.

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