miércoles, enero 25, 2006

El primer orgasmo o el inicio de esta historia

El gol es el orgasmo del futbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna.
Eduardo Galeano, en el libro “El futbol a sol y sombra”
Sábado, 8 de la mañana. En la cancha del Centro Escolar Cedros se baten dos hermanos de institución: el Cedros contra el Cedros Norte. Con el número 17 en los dorsales del equipo local, juega de extremo derecho Ricardo Otero.

Era el año de 1988. Año de turbias elecciones presidenciales y sueños infantiles de gloria. Les mentiría si les digo que recuerdo la fecha exacta. Tenía sólo 7 años de edad y poco menos de un año jugando para la selección de mi escuela. Todos nacidos en 1981. Nunca había anotado un gol hasta ese día. Mi trabajo no era ser goleador, sino dar pases y mandar centros.

Teníamos un esquema de juego muy rudimentario, apenas empezábamos a ubicarnos en nuestras posiciones en la cancha, por fin dejábamos atrás la etapa de correr como desaforados los once tras el balón. Al lado del campo los papás gritan como si se quisieran meter ellos también a jugar.

Ganábamos 2-0. El partido no lucía muy complicado hasta ese momento. El pasto aún estaba mojado por el rocío matutino. La cancha media de largo lo que mide el ancho de una profesional. Éramos unos niños, un terreno de cien por setenta metros para nosotros hubiera sido como recorrer la ciudad entera para llegar a la portería contraria.

Entonces ocurrió. Hasta ese momento con trabajos levantaba el balón del piso...

Tomé el balón por mi banda derecha, y en un súbito arranque de confianza lo pateé. Estaba aún lejos de la portería, como a tres cuartos del terreno. El esférico describió una parábola perfecta, me quedé boquiabierto siguiendo con la vista su trayectoria que finalizó besando suavemente las redes al pasar apenas debajo del travesaño, por el centro de la portería.

No supe siquiera cómo reaccionar. Apenas alcancé a levantar mi brazo derecho y a correr a sabrá Dios dónde. Traté de contener las lágrimas. No pude. Aquí empezó la historia, ese fue el primer gol que anoté, y por lo que recuerdo aún el mejor de todos. Desde ese momento el balón y yo hemos mantenido una larga relación que finalizará con la muerte.

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