domingo, septiembre 25, 2005

Highway to happiness

No sé qué extrañas y oscuras fuerzas me hicieron hacer echarme un clavado en el archivo de este blog y adentrarme en el mes de febrero de este 2005. Particularmente, uno de mis posts, que habían quedado almacenados con candado en un recóndito lugar de mi memoria, apareció para hacer un balance de los últimos siete meses.

Era el 23 de febrero de 2005. Normalmente no es un día común, pues el Ing. P&G tuvo a bien nacer un día como tal. Pero el de 2005 particularmente tuvo otros issues para recordar. Acaso por una estúpida pelea con Presidencia (mi padre), por regresar a los pasillos de mi preparatoria o por la "inauguración" de Jaque revista, la cual, ya he dejado por la santa paz. Había olvidado lo "largo" que fue ese miércoles...

Aún en esas fechas, a mucha gente le costaba trabajo pensar que un alumno de Sistemas podría pensar en tomar la decisión de ejercer periodismo. Es cierto, suena un poco contradictorio. Pero precisamente el asunto con Presidencia de aquel día fue una discusión en torno a eso.

Doscientos trece días después (es decir, ayer), el Primer Mandatario me recogió del Tec después de estar haciendo un trabajo con mis colegas periodistas. Platicaba con él de la experiencia de la narración del partido de americano para Concepto Radial. Fue entonces, cuando surgió una anécdota de mis años primeros de vida...

En la casa de Ecatepec, donde viví mis primeros tres años, un día entraron unos ladronzuelos. Los muy desgraciados se llevaron lo que pudieron. Y más allá de las posesiones materiales, lo que al Presidente le dolió más fue un videocassette donde aparece Ricardito de menos de un año balbuceando sin saber hilar palabras todavía. "Ya hablabas antes de aprender a hacerlo", dijo el Mandatario.

Aunque ya conocía la triste historia del cassette perdido, esta salió a colación por el asunto de la narración y en general de mi experiencia en radio los últimos dos años. Continuó: "pensé en ese momento que tú serías locutor de radio o de tele".

El Presidente fue la persona que más trabajo me costó convencer de que quiero embarcarme en esta aventura. No voy a abundar en más episodios previos como el de aquel 23 de febrero, porque hubieron peores. He tomado muchas malas decisiones en mi vida, lo sé, y él, precisamente por ser quién es, ha conocido y visto los estragos de cada una de ellas.

Sólo espero que esta sea la primera decisión correcta hacia un futuro que busca ese amplio y a veces ambiguo concepto que llamamos "felicidad".

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