domingo, agosto 07, 2005

Saving private Vedder o los poderes del burro

Regresé del estadio olímpico con la alegría de un triunfo de los galácticos del Pedregal y una salvaje quemada por los rayos del Sol. Pagué cara mi osadía de no ponerme bloqueador solar. Mi buen vecino Pedro tocó la puerta mientras veía la televisión para decirme que escuchaba maullidos desde el terreno de al lado. Para ponerlos en contexto, al lado tenemos un terreno baldío y ya perdí una gata porque se brincó ahí y ya nunca más supimos de ella.

Bueno, las razones de mi gata perdida a lo mejor fueron otras. Era una gata anciana que no pudo soportar el impacto de nuestra mudanza y presiento que fue a buscar nuestro antiguo hogar. En fin, no quiero recordar cosas tristes. El buen Vedder, de apenas 5 meses de edad, nuestra actual mascota, en últimas semanas se había dado a la tarea de observar lo que había al otro lado de la barda de nuestra vecindad. Dos veces lo caché con ganas de brincar al terreno de al lado...

Pues efectivamente, salí al patio-garage y escuchaba fuertes y claros los maullidos de mi gato. La labor de rescate no era sencilla, pues la barda tiene una potente cerca electrificada y mi vecina ojiazul, que se encuentra de vacaciones, es la única con la llave que desactiva la cerca.

Con el peligro de ser electrocutados empezamos a vislumbrar posibilidades de rescate para el pequeño animal. "¿Y si le ponemos la escalera?" Saben, no es buena idea poner una escalera de aluminio cerca de una un cable conductor sin aislante.

El peligroso terreno vecino tiene un árbol cuyas ramas se acercan a la barda, pero con ramas lo suficientemente delgadas como para no buscar llegar hasta los extremos. Se me ocurrieron toda clase de ideas. El miserable animal ya estaba trepado en el árbol llegando hasta donde su confianza felina le permitía. En una de esas se me ocurrió acercarle una escoba por el espacio entre el tope de la barda y el primer cable y el zoquete empezó a morder las cerdas.

Luego vino algo un poco más brillante a la cabeza del Mac. Fui hacia el cuarto de servicio por el burro de planchar. Sí, lo leyeron bien. Plano, con suficiente superficie y de buena longitud para concretar el rescate. Finalmente Vedder captó la idea y regresó a casa...

Y el muy ingrato inmediatamente se metió a la casa del vecino para estar con su amigo el Santitos. A ver quién le da de comer hoy.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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