martes, marzo 15, 2005

"Lucharáaaan a dos de tres caídas..." o Pumas Patológicos V

Al bicampeón otra vez le está costando la primera mitad de la temporada, al igual que la pasada. Uno diría "esta película ya la vi", pero el guión ha cambiado, ya que el grupo pasó de la más grande mediocridad a ser el más competitivo este torneo. Me queda clarísimo que Pitágoras dice que si Pumas no vence al América podemos despedirnos de la liga. Pero aún nos queda otro campeonato, que lejos de ser un consuelo, es el boleto para enfrentar a los mejores equipos del mundo.

La numerosa (no en cantidad, sino en calidad) barra de los Pumas Patológicos hizo acto de presencia en el partido Pumas - Olimpia de la Copa de Campeones y Subcampeones de la CONCACAF. Partido de vuelta, con un 1-1 parcial producto del resultado del partido de ida en Honduras. Parecía una misión sencilla, enfrentando un rudimentario conjunto que solo se dedica a repartir patadas, jugando en nuestro estadio, y con nuestra gente que grita y canta todo el partido.

La misión se veía aún más sencilla cuando al minuto 18 Joaquín Botero reventó una volea de pierna derecha en el ángulo superior izquierdo de la portería catracha. Un poema de gol. Botero nunca volteó a ver la portería antes de disparar, haciéndonos recordar a Luis García. La barra (la Pumas Patológicos, claro) gritó el gol como desaforados, sus únicos dos integrantes (mi hermano y yo) fueron de la sorpresa por el disparo hasta los brincos arrítmicos sobre la grada, pasando por un sonoro "no m*m*s" producto de admirar uno de esos goles que valen el boleto del partido.

La Rebel, barra hermana de los Pumas Patológicos, comenzó a entonar un cántico nuevo:

Ooooooooh a Japóoooon
a Japón, a Japón, dale bicampeóoooon


Pero no contábamos con que 12 minutos después el Olimpia se encontraría con el empate. A partir de ese momento, pasaron 60 angustiosos minutos donde el fantasma de un gol en contra en el último momento nos sacara del camino a Japón. Marioni traía la pata chueca, los negrazos hondureños sacaban cuanto centro les mandaban al área, le llovían patadas a Ailton y a Ìñiguez, el reloj nunca frenó su curso y el marcador no se movía.

Tiempos extras.

Angustia y más angustia. A cada minuto olía más a penales. Hacía frío, ya eran casi las 11 de la noche. Al parecer a Pumas no le informaron que no había un partido de futbol, sino un encuentro de lucha libre, ya que los hondureños no dejaban de repartir patadas a diestra y siniestra, amparados por un árbitro gringo que en lugar de marcar faltabas sancionaba primeros y dieces. Los Pumas Patológicos se desesperaban, clamaban por tarjetas y se convirtieron en el espectáculo de los aficionados de alrededor con su repertorio de improperios y mentadas de madre recetados al rival y a los árbitros. Por si fuera poco el referee gabacho se comió dos penales del tamaño de las extintas Torres Gemelas en el tiempo regular.

Pero la justicia en el futbol existe. Bueno, a veces. Esta vez sí hizo su aparición. Justo en el último minuto del tiempo extra, un rebote en el área chica cayó en el espacio vital de Bruno Marioni que causa de la desesperación de ver como el balón llevaba dos horas sin entrar, lanzó una vistosa tijera que empujó el balón al fondo. La tribuna, furibunda por el poco futbol y el gran espectáculo pugilístico brindado por el Olimpia, estalló con el grito de 40 mil almas que celebraron este agónico gol como si hubiera sido el del tricampeonato. Los Pumas Patológicos le perdonaron a Bruno sus errores de los últimos partidos.

Tal vez el "tri" no llegue. No lo sabemos. Pero el pase a Japón es vital. El Mundial de Clubes nos espera. El 11 de mayo, cuando se celebre la final, el hoy bicampeón de México se estará ganando su boleto. Por ahora hay que enfocarnos en las guajolotas de Coapa, en el honor de vencer al más odiado un rival, en nuestra cancha y con nuestra gente. Los Pumas Patológicos estarán ahí, como han estado siempre. Nunca duden del corazón de un campeón.

iTunes dice: Himno Deportivo Universitario

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