martes, marzo 01, 2005

Canticos al Kikín o los hijos pródigos

Hace apenas una semana escuché desde la tribuna del estadio Olímpico entonando a la Rebel, la más numerosa porra de los Pumas, un cantico dedicado a Antonio Sancho, mientras éste calentaba en la cancha antes de enfrentar al equipo que lo vio nacer. Hay cariño y respeto aún por quien fuera el jugador más emblématico que vistió la playera del auriazul en la década pasada.

Son pocos, muy pocos los que son dignos de ese reconocimiento popular. Son los hijos pródigos, los que aunque vistan otra casaca tendrán por siempre el corazón azul y la piel dorada. Y para serlo no se necesita un título, sino ser fiel imagen del espíritu del equipo de la máxima casa de estudios: el de una persona aguerrida, que corre los 90 minutos, decente y carismático.

Francisco Fonseca cumplía con ese perfil, pero con el plus de haber sido el anotador de un gol decisivo que le diera un campeonato a Pumas. Ese honor lo comparte solamente con Cabinho y con Tuca Ferreti. Un hombre carismático, sencillo, identificado con la gente de la tribuna, con el hincha que fielmente va a Ciudad Universitaria cada 15 días.

Pero nos olvidábamos de que el Kikín no se formó en las fuerzas básicas de Pumas. Llegó al equipo tras un discreto paso por La Piedad, recogiendo las migajas que en su momento le dejaba Claudinho. Hugo le echó el ojo en un partido y se lo llevó al hoy bicampeón. Y también pocos recuerdan que fueron dos fallas suyas las que marginaron a Pumas de seguir en la Copa Libertadores de 2003.

Pero se repuso y llegó a sobresalir como un jugador de amígdalas (como diría Hugo). Fonseca nunca fue el mayor anotador de Pumas, no es rápido ni el mejor rematador. Pero deja todo en cada jugada. Compensando sus ganas sobre sus habilidades se ganó el respeto de todo el medio y su lugar en la Selección Nacional...

Pero Francisco Fonseca no fue recibido como Antonio Sancho por la Rebel. Se le preparó un cántico especial donde la afición puma hace ver su desencanto por su partida al Cruz Azul, una decisión meramente económica. La transmisión televisiva y los posteriores resúmenes revelaron una tonada así:

Ch*ng* tu m*dr* Kikín
tú nos cambiaste por unos pesos
dejaste al equipo campeón
para cargar bultos de cemento.


El líder de la Rebel dijo que cantaron eso para hacerle ver al Kikín que aún les importa. Aún hay respeto por Fonseca en la afición aunque no lo parezca. Los aficionados pumas sentimos que aún no cumplía su ciclo en Pumas. De cualquier manera, me alegró ver que esa misma mística y garra que tenía hace unos meses ya ha sido convertida en toda una forma de vida.

En el Azul se vio el mejor partido del campeonato. No ganó Pumas ni ganó Cruz Azul. Ganó el futbol. Y ganó gracias al contagio de la garra que han regado el Kikín y todos los hijos pródigos de Pumas en el futbol mexicano.

1 comentario:

El Mac dijo...

Definitivamente concuerdo con ese último párrafo, la historia no se escribe en los libros, se escribe en las canchas. Vale más un hugo sánchez, un cabinho, un luis garcía, un cuellar, que un puñado de campeonatos.

Y si, aun hay cariño por el kikín, y muchos buenos deseos, ojalá sea otra de esas huellas que dejan los Pumas en el fútbol mexicano y, por que no, mundial.