miércoles, febrero 23, 2005

Regreso al pasado, visión del futuro

Para Araceli, por los radicales y los días vacíos.

Hoy fue 23 de febrero. Y digo fue por qué está a punto de acabar. Y que bueno que así sea.

Desde hace 18 años (tal vez un poquitito menos) este día ha sido representativo porque uno de mis mejores amigos le agrega uno a su cifra de años vividos y cumplidos. Salud por Pablo y por la oportunidad de verlo cumplir muchos más.

Sin embargo este 23 de febrero tuvo algo más. Mucho más.

A las 10 de la mañana tendría la "ceremonia de inauguración" de Jaque, que pasó de gaceta a ser revista. Ceremonia breve, sin mucho protocolo y con un tremendo pastel de chocolate con flan (ese pastel tiene un nombre científico, ¿no?). Y la "nueva" revista superó mis expectativas, pero como todo primer número (una versión BETA la llamarían mis colegas computólogos), aún tiene detalles por mejorar.

Viajé al futuro al ver en 36 páginas de papel couché extensamente ilustradas a todo color, con fotografías vivas y buen contenido, una revista que promete mucho, incluyendo un artículo de 4 páginas sobre el entrenador del equipo de voleibol femenil del Tec y firmado por un tal Ricardo Otero. Modestia aparte, pocas veces me sentí tan orgulloso al ver una nota mía publicada, simplemente me encantó cómo quedó, cada párrafo, cada palabra, cada nota. Nunca me habían dado 4 páginas en ninguna de las publicaciones para las que he llegado a escribir (inclúyanse dos artículos en el periódico Reforma hace algunos ayeres).

Para la ocasión el Mac lució sus mejores garras, más de uno se sorprendió de verlo de traje... Pero éste no se debía al magno evento (no hubiera llegado en pants, pero tampoco era para tanto). A las 11 de la mañana tenía una entrevista de trabajo en mi ex-alma-mater. El Mac regresó a las verdes jardineras y los blancos pasillos de la prepa de la U.P. Tantas historias, tantos recuerdos, tantos rostros conocidos. Parecía como que el tiempo no hubiera pasado al ritmo que me ha pasado la vida por encima desde que salí de ahí.

La entrevista bien, pero no cantaré victoria. Me la hizo un profesor que ya estaba cuando yo aún era estudiante ahí, pero que nunca me dio clase. Después fui a visitar a dos queridos mayestros a quienes me da harto gusto ver las pocas veces que tengo la oportunidad. Veo a los mocosos que ocupan las bancas que algún día yo llené y me siento muy viejo... Para concluir mi visita, tomé un ejemplar de Perspectiva, la revista de la prepa, que llegué a dirigir en mi segundo año. Quizás el primer logro del cual me sentí realmente orgulloso.

Y con eso viajé al pasado, a una experiencia que así como tuvo un final doloroso, me hizo aprender cosas que jamás me han enseñado en un salón de clases. Una experiencia que me hizo darme cuenta de lo mejor de mi: mis amigos y su lealtad. Una experiencia que fue el parteaguas de una de mis grandes pasiones, la cual espero que pronto me haga realizarme en el campo profesional, algo que disfruto como pocos y que me ha permitido estar en lugares incluso privilegiados: el periodismo deportivo.

El resto del día fue hasta cierto punto rutinario, salvo por un amigo que llevó una tele pequeña para ver la Champions League. La inacabable estática me dejó percibir un 2-1 favorable al Barcelona. Después, a las 4, clase de Legislación en Informática hasta las 7 de la noche. Inmediatamente saliendo partí como chiflido de la escuela. Se acabó el día... O eso pensaba a esa hora.

Al regresar a la casa de todos ustedes, una pertinaz lluvia arreciaba en mi cerro. El Mac tenía que cumplir sus obligaciones caseras e ir de compras. Había que resurtir el refri. Pues con lluvia y todo, cumplí la misión. Ocho treinta decía el reloj. Los Simpson me dieron un rato de sana risa bañada de ironía. Luego a ver el futbol un rato con un insufrible partido entre México y Colombia...

El final del día me dejó una pequeña, pequeñísima, disputa familiar. Normalmente cuando abro la boca la gente me receta una probadita de mi propio chocolate. Y como mis comentarios no son nada impertinentes... Solo que hoy no creo haber dicho nada impertinente, simplemente pagué el precio de haber dicho mis verdades, y ese fue sentirme más viejo que nunca, con el corazón en una mano y el hígado en la otra, con un conflicto feroz entre mi inteligencia, mi voluntad y mis sentimientos...

Sí, el Mac también llora... Y he llorado más en los últimos 8 meses desde que regresé de Guadalajara que en los 23 años y 3 meses previos. Irónicamente, lo que me dejó más contento y más tranquilo en este último lapso fue lo que en teoría es el temor más grande de un ser humano: la pérdida de un ser querido. Y no lo malinterpreten, simplemente digo que el ver todo el cariño de tanta gente que se desbordó hacia mi abuelo en su funeral en septiembre hace dibujar una sonrisa en medio de las lágrimas.

Pero el morro de la foto de la derecha no es más que un recuerdo. El Mac es ya un hombre. Estoy a un mes y tres días de cumplir 24 y me siento como de lo doble. Al menos así me siento en este preciso momento. Seguro mañana se me pasa, seguro mañana seguiré sonriendo, escribiendo, despotricando contra Andrés López y promoviendo el inminente triunfo del bicampeón sobre Cruz Azul. Pero hoy no. Hoy el Mac reflexiona, hoy el Mac tuvo una regresión a un difícil pero feliz pasado y una visión de un futuro que se debate entre lo que yo quiero y lo que los demás piensan que es lo mejor para mi.

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