viernes, enero 14, 2005

El niño que se enamoró del futbol o hasta que la muerte los separe

Hace algunas semanas les conté de un niño a la tierna edad de siete años que veía a Chabelo y que a las 8 de la mañana los domingos cambiaba de canal para ver los partidos del Nápoles de Diego Armando Maradona. Ese niño, gracias a Maradona, a Hugo Sánchez (el Real Madrid jugaba a las 10), a los Pumas y a la influencia de su padre, se casó con el futbol, hasta que la muerte los separe.

Ese niño ya tiene 23 años y está cerca de los 24. En efecto, se trata de su servidor. Sigo yendo a los estadios como cuando era niño, pero con una dósis mayor de cánticos a mi equipo y leperadas al rival. Muchos de ustedes que piensan que soy una persona centrada, equilibrada y seria, podrían llevarse una cruel decepción si me observan en ese entorno.

Hoy, le di una ojeada al diario Récord atraido por su portada de tipo videojuego y su reportaje sobre los 18 equipos de la liga mexicana a un día de iniciar el torneo. Pero vaya sorpresa al ver la contra portada. Encontré una foto de dos sujetos custodiando a un hombre con un sobrepeso increíble, apenas reconocible. Era Diego, el Diego.

Me encontraba con el coach al ver esta escena impresa. No podíamos creerlo. Uno de mis ídolos de la infancia dando una imagen que se calificó de grotesca. Maradona mide 1.68, y de acuerdo con nuestras estimaciones, debe estar alrededor de los 120 kilos. Y creo que fuimos optimistas. Diego se ve gordo, hinchado, con la cabeza ya pegada a los hombros, los ojos pequeños y, por lo visto en la escena, con dificultades para caminar.

Teóricamente, Diego ha pasado los últimos meses en Cuba en un proceso de rehabilitación. Ya todos conocemos su lío de drogas. A pesar de mi ignorancia en cuestiones médicas, no parece haber avance en él, sino todo lo contrario. Y es que aunque la isla cuenta con doctores de un gran nivel, también tiene prostitutas por todos lados y una gran variedad de placeres para los amigos de Fidel. Y claro, Diego Armando Maradona es uno de ellos.

Me queda claro que Maradona no está en Cuba en rehabilitación, sino de vacaciones y dando rienda suelta a la vida desenfrenada que ha llevado desde que toco la cúspide del futbol mundial a finales de los 80. Me queda claro también que lo único que queda de Maradona es el recuerdo.

Pero vaya recuerdo, el del jugador más grande que haya visto jugar (no vi a Pelé en vivo). He discutido muchas veces que una figura del deporte debe ser también un ejemplo para la sociedad. Por ahí es por donde le han dado más a gente como Cuauhtémoc Blanco. Pero a Maradona nadie lo toca, todo se le perdona. ¿Es la mano de Dios? Tal vez deberíamos dejar de perdonárselo todo, deberíamos criticarlo más, volverlo al suelo de los mortales, empezando por los mismos argentinos que lo elevan a calidad de un dios.

Ojalá la muerte no nos separé a ese ídolo, gracias a quién muchos hoy amamos al futbol.

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