domingo, diciembre 12, 2004

Ángel de la Independencia 2 a.m. o Pumas Patológicos IV

Sin la angustia de los penales pero con el mismo júbilo.

Eran las 11:45 de la noche y esperé a que regresara mi hermano para irnos al Ángel de la Independencia. Sí, táchenme de naco si quieren, hace años prometí nunca ir a este monumento a festejar por un triunfo de la selección. Pero la madrugada del domingo me entregué a participar de la psicosis colectiva del futbol cantando goyas, gritando improperios para los regios y saltando sobre el asfalto de Reforma.

Miles de automóviles con banderas saliendo de sus cristales invaden las avenidas de la ciudad haciendo sonar sus bocinas con singular alegría y sin escatimar en los vecinos de la zona. Y es que la Ciudad de México no duerme esta noche. Entre las mañanitas a la Virgen y un nuevo estallido de la pumamanía, hoy es imposible conciliar el sueño.

Encontrar en los alrededores del Angel de la Independencia un sitio para estacionar el auto es equivalente a otro campeonato. Bufandas, banderas, playeras que van desde la de juego hasta las leyendas de "Gatito ni madres" y "Hecho en CU, enmascarados en azul y oro, vendedores inflando sus precios para hacer su agosto en pleno diciembre, niños y mujeres con niños en brazos. La pumamanía no distingue sexo ni clases sociales. Fresas y nacos, ricos y pobres, ateos y cristianos compartiendo una goya, cantando y gritando juntos. El frío se olvida con la emoción y el festejo, el Ángel hierve y se observan las estrellas en el cielo, incluyendo las 5 que ahora lleva el Puma.

No hubo fila para conseguir boleto ni revendedores chupasangre. Aquí se encuentran los verdaderos aficionados pumas, aquellos a los que no les importó la temperatura cercana al cero, las altas horas de la noche ni el tumulto. Hay miles de ellos, aquellos que no pudieron hacer el viaje a Monterrey pero que también quieren ver la copa, aquellos que no pudieron ver en vivo la vuelta Olímpica en el Tecnológico pero que verán la del Ángel.

Mientras tanto, algunos tratábamos de predecir por dónde llegaría el equipo para tomar buen lugar y ser de los primeros en verlo. Todas las variables, incluyendo el festejo por la Virgen, fueron tomadas en cuenta. Nuestra intuíción nos colocó en la esquina de Reforma y Florencia, en la cara sur del Ángel, a la 1:45.

A las 2:10 de la mañana empieza a rugir la masa humana, a lo lejos se divisa un turibús rojo con gente arriba. Son los pumas, son los héroes de la noche, que lentamente se abren paso entre la gente que los vitorea y les canta. Al paso del camión la gente se aprieta a los costados. Es difícil respirar, los apretones están a la orden del día, el cuerpo viaja a la deriva en la marea del océano humano. La cara arriba, el puño levantado y los campeones pasan a solo unos metros de distancia.

La vox populi clama la permanencia de Hugo con el equipo, no hay un líder de esta barra, cada quien canta y grita lo que le nace y el volumen es descomunal. La copa brilla con luz propia en manos de Gerardo Galindo, aficionados que buscan trepar al techo del camión son apartados por personal de seguridad, el pentapichichi al frente agita los brazos y canta, Alonso grita ante la incredulidad por ver a tan fervorosa multitud, por la mejor afición de México.

Y unos metros detrás, otro turibús con los familiares, convertido en pasarela de los esculturales cuerpos de las novias y las esposas. La gente le clama a Isabel, la esposa de Hugo, que se queden en México, reconocen a la mujer de Sergio Bernal y estalla el grito de "portero portero". Media hora después los camiones enfilan por Reforma hacia el poniente y luego a Insurgentes.

La Ciudad no durmió la madrugada del 12 de diciembre. Las dos más grandes pasiones de la capital del país la mantuvieron en vilo. Termina un año de ensueño para los Pumas: su 50 aniversario con dos campeonatos de Liga, el campeón de campeones y un triunfo ante el Real Madrid en el mismísimo Bernabeu.

El mejor equipo, la mejor afición, el estadio más hermoso del mundo, la cuna de los mejores jugadores mexicanos de la historia y el título de campeón: un equipo de 5 estrellas. Gracias Pumas.

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