domingo, noviembre 28, 2004

Epidemia o un paso para la felicidad

Dedicado a Liz, Jorge, Cynthia, Patty y Raul

Recuerdo muy bien mis domingos a la tierna edad de 7 años. Me levantaba a las 7 de la mañana obligado por mi infantil metabolismo a ver a Chabelo. Pero realmente el ansía de estar despierto tan temprano, era esperar a las 8 para ver el partido del Napolés, con Diego Armando Maradona; a las 10 para el del Real Madrid, con Hugo Sánchez; y el de mediodía con el glorioso conjunto auriazul.

No puedo negar que como a todo niño normal también le gustaban las caricaturas. Me declaro fan de los Thundercats y los Pitufos (algunos me asocian con Gargamel y con Pitufo Filósofo). Puedo decir que tuve una infancia feliz, con muchos gratos recuerdos, incluyendo aquel primer gol (hermoso gol) que a esa tierna edad de 7 años anoté defendiendo la casaca del Cedros.

Y recuerdo todo aquello como si fuera ayer. El 16 de octubre (ya del 2004, disculpen el abrupto brinco) se casaron Liz y Jorge. ¿Y eso qué tiene que ver? Pues que a Jorge lo conocí a la tierna edad de 7 años, cuando estábamos en segundo de primaria y aún hablábamos de las catafixias (¿así se escribe?) del buen Xavier López. Ahora, Jorge ha regresado de su luna de miel para trabajar y formar un hogar.

Aquél sábado rondaron toda clase de recuerdos por mi cabeza. Sentí el golpe más duro de haber crecido, solo que sin el orgullo del día que me cambió la voz. Pocas semanas después, Cynthia, mi mejor amiga, anuncia sus próximas nupcias. Y por si eso fuera poco, Patty y Raúl también lo hacen presumiendo tamaño anillo, no tan grande como la sonrisa en sus labios. Sí, hay epidemia de matrimonio

Quienes han sido testigos conmigo de las escenas que platico, no podrán olvidar la cara de shock que puse en todas ellas. Y no es que no me de gusto, sino todo lo contrario, es solo que a la tierna edad de 23 me doy cuenta que ese niño que ven en la foto a la derecha ya creció.

Einstein formuló una teoría que dice que el tiempo es relativo. Para que eso ocurra tendríamos que viajar a la velocidad de la luz, lo que nos privaría de la composición de materia para convertirnos en energía. Pero mientras seamos materia, lo cierto es que el tiempo permanece constante, que cada hombre busca (y encuentra) su felicidad a su manera y que ésta requiere de riesgos cada vez mayores conforme pasan los días.

Querido Einstein (yo sí creo en tus pelos y no en las barbas del Santo Clós), ¿podrías ayudarme a formular una teoría para que, en un ambiente de tiempo constante, este hombre de 23 sea tan feliz como era de niño a la tierna edad de 7?

Amigos míos, felicidades, comparto su dicha.

Para la anécdota
JERRY RICE!!! Dedicado especialmente a XdU

1 comentario:

The Prin dijo...

Lo que es raro es cómo uno madura en base a las situaciones que, a lo largo de la vida, nos van haciendo felices. A ese pequeño de 7 lo hacía felíz Chabelo... y a estos "adultos" de 24 nos hace felíz gritar JERRY RICE!!! a mitad del Beer Factory. A algunos otros "adultos" de 24 los hace felices pensar que tienen la vida asegurada...

Yo creo que mientras cada quién encuentre esas pequeñas cosas, no importa que estemos a destiempo de los demás. Felicidades a todos los newlyweds, soon to be newlyweds, y gracias infinitas Mac por reir conmigo de Jerry Rice.